martes, 17 de marzo de 2015

ENTREVISTA EN CANAL SUR RADIO

El director Alejandro Lorenzo Lledó es entrevistado en el programa cultural "Es la vida" de Canal Sur Radio y nos habla de Lemnos, que será su debut en el largometraje.



lunes, 2 de marzo de 2015

NOTICIA EN HUELVA INFORMACIÓN

El periódico Huelva Información publica una noticia sobre Lemnos escrita por Manuel Jesús Feria, destacando el carácter pionero del proyecto en el cine español y la vinculación de la provincia de Huelva con el mundo griego antiguo. 

(Edición impresa de la noticia)

jueves, 12 de febrero de 2015

EL FILOCTETES DE SÓFOCLES

Francisco Rodríguez Adrados escribe para el blog de Lemnos el artículo “El Filoctetes de Sófocles”, análisis de la tragedia de Sófocles y del lugar que ésta ocupa en el género del drama griego clásico.

Maestro de maestros, Francisco Rodríguez Adrados ocupa un puesto de honor en la cultura clásica y las letras españolas. Helenista, indianista, lingüista e historiador, es catedrático emérito de Filología Griega en la Universidad Complutense de Madrid y miembro de las Reales Academias de la Lengua y de la Historia, de la Academia de Atenas y de la Academia Argentina de las Letras. Es presidente de honor de la Sociedad Española de Estudios Clásicos y de la Sociedad Española de Lingüística. Autor de una vasta obra que abarca diferentes campos, como la lexicografía, la traducción, la literatura, el pensamiento griego y la lingüística. Entre las numerosas distinciones que ha recibido: el Premio de la Fundación Aristóteles Onassis (1989), el Premio Nacional de Traducción (2005) y el Premio Nacional de las Letras (2012).  

EL FILOCTETES DE SÓFOCLES
escrito por Francisco Rodríguez Adrados

La Fiesta, olvido provisional de la vida rutinaria de cada día, es la madre de ese fenómeno divino del olvido y de la creación de un mundo nuevo. Tiene varias ramas: la Comedia, que es universal, nos enseña un mundo crítico "a la contra". Creativo, alegre, renovador, vencedor de imposibles. Siempre entre el canto, la danza, triunfante sobre el imposible, bendecido por un dios, que en la Grecia antigua es Dioniso.

También en Grecia, y sólo en Grecia hay otro género,  éste sólo allí, el del héroe, el hombre grande que se hunde en la desgracia: por exceso, extravío, por querer ser más que hombre. Nace también de fiestas populares y es presidido por el mismo dios, Dioniso, que ríe y llora, da la vida y la muerte.

En el Ática, Grecia floreció en rituales de sacrificio en la pequeña Icaria y un tirano de Atenas, Pisístrato, la trajo a su ciudad para angustioso deleite de sus ciudadanos. Es un contrapunto a la Epopeya, que celebraba al hombre grande: pues bien, bajo la presidencia de Dioniso, ese hombre se quiebra, aspira a todo y se queda en nada. Un Edipo busca al culpable y resulta que el culpable es él, sale ciego y lloroso de la escena. Una lección.

Quizá los tiranos del mito son presentados, así, a una luz distinta. Los nuevos tiranos, los reyes, se colocan, más bien demagógicamente, a un nivel popular. Son algo así como precursores de la democracia, quieren explicar los excesos, las caídas y muertes. Todos somos hombres, hasta los más altos, siempre en riesgo.

Hay muchas clases de tragedia, muchos son los pecados de los grandes. En realidad, ya en la epopeya, en la Ilíada, la suma grandeza de Aquiles, superior a todos, hace presagiar su muerte futura, traída por la flecha del miserable Paris.

Pero en la tragedia hay casi un catálogo, diríamos, del desastre unido la grandeza  de los héroes. Los hermanos Eteocles y Polinices, en Esquilo, luchan por ser reyes de Tebas, las mujeres de la ciudad lloran, ellos a nada atienden: mueren en singular combate. En Sófocles, Edipo, triunfador de la esfinge, busca incansable al que mató a su padre Layo... y resulta que fue él el asesino. En Eurípides, las más ilustres de las mujeres despliegan su implacable amor: y cometen crímenes que no tienen perdón.

Mil temas como estos se esconden en la envidiada vida de los héroes, mil fallos se esconden en lo que ellos ven como grandeza, alma intachable, modelo para todos ¡que no respeta a nadie, llegan al crimen dentro de la familia más estrecha!

No es esto Filoctetes, los trágicos encuentran casos y casos de esa inadecuación del hombre para atenerse a sus medidas verdaderas. No por ello es menos grande la tragedia.

Filoctetes viene, simplemente, como una ayuda más para la conquista de Troya. Ni llega a intentar la lucha: antes, en un sacrificio de los expedicionarios, sufre una herida infecciosa, sus compañeros son incapaces de soportar su hedor, queda abandonado en la isla desértica de Lemnos. ¡Él, un aspirante a héroe, tiene limpia la espada, no ha matado a nadie y, sin embargo, se convierte en un tullido miserable del que todos huyen! ¿Cuál es su pecado?

Es el resentimiento, que es también, como cualquier otra pasión, un pecado del alma. Hay otro ejemplo de estos héroes que no han vertido sangre: el de Áyax, que en la tragedia de este nombre, de Sófocles, llega a suicidarse porque no ha recibido, como sin duda merecía, las armas de Aquiles a la muerte de éste. No ha sido un exceso pasional con derrame de sangre, ha sido el dolor de un alma que se ha sentido herida. Un invento de Sófocles, invento perspicaz de alguien que conoció el interior del hombre.

¿Acaso fue una herida del propio Sófocles que en la guerra contemporánea suya, la del Peloponeso, se sentía, entre pensamientos contradictorios, lejos, en definitiva, de la acción?

Pero hay un oráculo: Troya no caerá si no interviene Filoctetes en su toma. Y ahí está Odiseo que logrará esto de una forma o de otra, aunque sea con engaño. Y usará como gancho al joven, inocente, Neoptólemo, hijo de Aquiles, muerto ya en Troya a la sazón, por la flecha de Paris, el arma de un cobarde. Llorará Neoptólemo luego por haberse dejado enganchar en un juego de engaños.

Otro dolor que no es el del ímpetu implacable o la venganza, un dolor del alma insatisfecha por el trato que recibe, nos describe el poeta. Es una tragedia, pero una tragedia posttrágica, de almas refinadas, que añoran un mundo más justo, se sienten heridas.

Y la paradoja del mundo: sin las argucias de Odiseo, sin el engaño de Filoctetes, no habría caído Troya. Habrían quedado en pie el ultraje de Troya contra Grecia y la traición de Helena. Gran paradoja.

¿Qué pensar? Un mundo complejo. Nadie muere - pero sí los troyanos y los griegos, allá en lontananza -. Y sufre Filoctetes, abandonado, privado una vez más de su deseo de gloria.

Pero Sófocles da otro vuelco al tema: sin Filoctetes no puede haber toma de Troya. Y Heracles se presenta, Neoptólemo va a llegar con Filoctetes a Troya y éste va a matar a Paris - el que mató a su padre, Aquiles - . Filoctetes y Neoptólemo son como dos leones que van a conquistar Troya y Asclepio va a curar a nuestro héroe. "Que éste recuerde, cuando asole la tierra, ser piadoso con los dioses: el padre Zeus considera secundario lo demás. Pues la piedad no muere junto con los mortales: vivan o mueran, ella no perece".

Volvemos al mundo convencional de la piedad religiosa: todo terminará bien, triunfará la piedad, es decir, Troya será conquistada, Filoctetes participará en ello, él será sanado.

Extraño final: tras un tejido de nuevos sentidos del alma humana, de ampliación de lo trágico, parece que Sófocles añade un final nada trágico, el del éxito y triunfo del héroe. Un invento suyo, sin duda, el elogio y premio del heroísmo tradicional unido al apoyo del gran héroe, Heracles. Tras el descubrimiento de nuevos temas trágicos, Sófocles vuelve a la épica de siempre. En el mundo heroico y divino oscilaba entre varias posiciones, algo también tradicional.

Extraña tragedia, nueva y tradicional. 

martes, 27 de enero de 2015

REUNIÓN CON EL CONSULADO DE GRECIA

Se reúnen el director Alejandro Lorenzo y el Cónsul Honorario de Grecia en Barcelona, Fernando Turró.

Agradecemos al Consulado su colaboración en las gestiones de contacto en el exterior con instituciones, fundaciones y patrocinadores para la producción de Lemnos.  


jueves, 18 de diciembre de 2014

PRESUPUESTO

Analizando detalladamente las diferentes partidas del presupuesto para una correcta planificación del rodaje y poder afrontar con éxito la realización, postproducción y estreno de Lemnos.  


jueves, 27 de noviembre de 2014

ODISEO EN EL CINE

Fernando Lillo Redonet escribe para nuestro blog el artículo "Odiseo en el cine", recorrido por las apariciones cinematográficas de Odiseo, uno de los protagonistas de Lemnos (http://lemnosfilm.blogspot.com.es/p/odiseo.html) y personaje clave de la mitología griega y de la literatura universal.   

Fernando Lillo Redonet es Doctor en Filología Clásica y profesor de Latín y Griego en el IES San Tomé de Freixeiro (Vigo). Es pionero en España en el estudio del cine sobre el mundo clásico con sus obras: El cine de romanos y su aplicación didáctica (1994) y El cine de tema griego y su aplicación didáctica (1997). Ha sido miembro del comité científico del Congreso Imagines. La Antigüedad en las Artes Escénicas y Visuales (Universidad de la Rioja, 2007) y colaborador en el volumen Hellas on Screen. Cinematic Receptions of Ancient History, Literature and Myth (2008). En su último libro Héroes de Grecia y Roma en la pantalla (2010) propone un recorrido por los principales héroes grecorromanos de Aquiles a Atila y sus versiones cinematográficas.

ODISEO EN EL CINE
escrito por Fernando Lillo Redonet

El personaje de Odiseo/Ulises tiene en la literatura grecolatina características propias que lo hacen singular. Odiseo es un héroe astuto, urdidor de mil engaños, curioso y con espíritu aventurero, pero también sufridor de desventuras. Aparecen también sus facetas negativas como vengador implacable de la traición de Palamedes o innoble ladrón del arco de Filoctetes. El innegable atractivo de este héroe de múltiples facetas atrajo muy tempranamente al cine donde encontramos títulos ya en la época del cine mudo como La isla de Calipso: Ulises y Polifemo (L'île de Calypso, G. Méliès, 1905) de tono satírico, Le retour d'Ulysse (A. Calmettes, 1908) y L'Odissea (G. de Liguoro, 1911) con el propio director en el papel del héroe de Ítaca.

La película Ulises (Ulisse) de M. Camerini (1954), que presentaba al héroe con los rasgos de Kirk Douglas, tuvo un gran éxito y contribuyó a configurar su arquetipo cinematográfico. Douglas encarna a un héroe dinámico, que sabe salir de los apuros en los que se mete por curiosidad deseando averiguar quién vive en la isla del cíclope o ansiando escuchar el canto de las sirenas. En la cinta destaca el hallazgo de que Silvana Mangano encarne a la vez a la fiel Penélope y a la seductora Circe (en realidad una mezcla de la Circe y la Calipso odiseicas). La popularidad del personaje propició que tres años después, cuando se hizo Hércules (Le fatiche di Ercole) de Pietro Francisci, la película fundacional del neomitologismo, los guionistas incluyeran entre los argonautas a un joven Ulises, interpretado por Gabriele Antonini, en el que destacaba su astucia. En una escena Hércules (Steve Reeves) ayuda al chico a apuntar y acertar en la diana y le dice unas proféticas palabras que eran un guiño al espectador: “Recuerda bien lo que te digo, el destino de tu vida lo decidirá el arco”. El Ulises aventurero y burlón ante el peligro es retomado en la teleserie La Odisea (1997) de Andrei Konchalovsky con los rasgos de Armand Assante que compone un personaje que evoluciona desde la soberbia del comienzo a la humildad del final donde recupera con fiereza y dignidad su reino. Por otro lado, la serie de televisión Odissea de Franco Rossi rodada en 1968 muestra el lado sufridor del héroe, interpretado por Bekim Fehmiu, con pocas escenas de acción. La apuesta por un Odiseo sufriente se aprecia incluso en el episodio del cíclope, en el que se pone de relieve su miedo y el de sus compañeros de un modo más evidente que en las otras versiones de este episodio que ha dado la pantalla.

En películas como Helena de Troya (1955) o Troya (2004) Ulises aparece como personaje secundario. En la primera, con los rasgos de Torin Thatcher, se muestra burlón, pero simpático para el espectador. En la segunda, encarnado con dignidad y aplomo por Sean Bean, es el encargado de mediar entre Aquiles y Agamenón y, además, es quien relata toda la historia. En ambas cintas la astucia de Ulises inventa la estratagema del caballo de Troya.

El peplum italiano es el que nos ha ofrecido hasta el momento una visión más negativa del héroe. En La Ira de Aquiles (1962) se presenta a Ulises (Piero Lulli) de modo tópico como el más astuto de los griegos y se muestra un personaje codicioso en la toma de Lirneso, permaneciendo, sin embargo, fiel a Penélope al no interesarle las prisioneras del botín. En el estilo del género, Ulises lucha en tono de broma. Más oscura es la imagen del héroe en La guerra de Troya (1961) con un antipático John Drew Barrymore de oscuro maquillaje y vestimenta. Es astuto, pero siempre para perjudicar a los troyanos. Su personaje es un contrapunto del troyano Eneas, de intachable nobleza, encarnado por Steve Reeves y verdadero protagonista de la cinta. 

En la película Lemnos nos aguarda un Odiseo intrigante interpretado por Alex Brendemühl, que promete ser mostrado como nunca antes en la gran pantalla.